Cuando era niña, fui a Francia para visitar mi familia allá. Tenía diez años y era mi primer viaje fuera de los Estados Unidos. Puesto que mis abuelos estén de Francia, tengo mucha familia allá y estaba muy contenta de visitarlos; nunca los conocé antes de este viaje.
Después de un vuelto muy largo y fatigoso, un tren de dos horas, y un viaje en coche de dos horas, mis padres y yo llegamos al pequeñito pueblo de Stembecque, Francia. El tío de mi padre, Pierre, nos recibió de su puerta con los brazos abiertos. Era un hombre agradable con pelo canoso y mejillas rosadas. Desde el momento en que le conocí, empecé a sentirme como en casa.
Recuerdo los sonidos de un idioma extranjero, pero el lenguaje corporal de mi tío era más fuerte. Los abrazos de mi familia en los Estados Unidos son rápidos y hay mucho distancia entre las personas. Por otro lado, cuando encontré a Pierre, él me dio un abrazo que casi me asfixió. Era un abrazo muy fuerte como de un amigo viejo que no he visto en muchos años. También, nos dio a cada uno no solamente un, dos besos (uno por cada mejilla). Recuerdo que tenía el olor de un colonia muy fuerte pero lo me gustaba mucho. Después de este saludo afectuoso, tocó la espalda de me padre y entramos en su casa.
Asi fue el encuentro con mi tío, Pierre, cuando me enamoré de mi familia y la cultura de Francia.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados